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Streets of Rage con un balón: los beat 'em up detrás de Kick or Treat

Qué es un beat 'em up, los clásicos de recreativa y Mega Drive que dieron forma al género y qué tomó Kick or Treat de cada uno antes de cambiar los puños por un balón.

El director gigante se cierne sobre Rico en una calle llena de calabazas en Kick or Treat

Caminas hacia la derecha. Entra una banda por los dos lados. Te encargas de ellos, la pantalla se desbloquea, parpadea una flecha con GO y vuelves a caminar hacia la derecha. Al final de la calle te espera alguien mucho más grande.

Eso es un beat ’em up. Contado así parece repetitivo. Jugado un sábado por la tarde con un amigo en el segundo mando, era lo mejor del mundo.

Yo lo descubrí en unos recreativos. A mi tío le impresionó tanto que le compró una Mega Drive a mi primo. Yo nunca tuve una (mi familia era muy humilde), ¡pero pasé horas jugando en casa de mi primo!

Una historia muy corta de caminar a la derecha y repartir

Kung-Fu Master (Irem, 1984) suele considerarse el primero: un pasillo largo, enemigos por los dos lados y un jefe en cada piso.

Double Dragon (Technōs, 1987) añadió lo que define al género: la calle tiene profundidad. Puedes moverte arriba y abajo además de a izquierda y derecha, y los enemigos te rodean en vez de hacer cola. Además, se podía jugar a dobles.

Final Fight (Capcom, 1989) lo hizo todo más grande: personajes enormes, una ciudad entera que limpiar y una fase de bonus en la que destrozabas un coche a cambio de puntos.

Las Tortugas Ninja (Konami, 1989) y Golden Axe (Sega, 1989) demostraron que la fórmula funcionaba con cualquier tema: tortugas que comen pizza o espadas y dragones.

Streets of Rage (Sega, 1991) y Streets of Rage 2 (1992) lo llevaron a casa en la Mega Drive, con calles de neón, un coche de policía que podías llamar para limpiar la pantalla y una banda sonora que se sigue escuchando hoy.

El género se apagó a finales de los 90, cuando llegó el 3D, y volvió años después con juegos como Streets of Rage 4 (2020).

Lo que toma Kick or Treat

Desde la primera página de sus notas de diseño, Kick or Treat era «Streets of Rage y Double Dragon, para niños, en la noche de Halloween». Casi todas sus reglas salen directamente de esos juegos.

La cámara está un poco por encima de la acción, como en las recreativas de los 90, así que la calle es una franja por la que puedes moverte arriba y abajo. Rico tiene el tamaño de un protagonista de Streets of Rage 2, un tercio de la altura de la pantalla.

Los enemigos esperan su turno. Los beat ’em up clásicos nunca dejaban atacar a toda la banda a la vez. Dos o tres van a por ti y el resto da vueltas esperando. Kick or Treat hace lo mismo, así que una multitud da miedo sin ser injusta para un niño de siete años.

Cada calle tiene tres peleas en las que la pantalla se detiene hasta que las superas, encuentros más pequeños entre medias y un jefe al final.

Y cada calle tiene su momento especial. Streets of Rage 2 tenía la banda de moteros en el puente. Nosotros tenemos una banda de repartidores de periódicos en bici, un parque donde salen manos de las tumbas, un viaje en autobús bajo un puente más bajo de lo que parece y un ferry en el que los zombis acaban en el agua.

La historia se cuenta en cuadros de texto cortos sobre la acción, como en Streets of Rage, para que los niños que leen despacio vayan a su ritmo.

Los jefes de Final Fight tenían personalidad. Los nuestros son la guardia del cole, la cocinera, Zumbi la mascota, el Sr. Roñas, el Profe Ladrillo y, al final del todo, un director enorme.

Lo que cambiamos: nada de puños

Todos esos juegos van de dar puñetazos. Queríamos un beat ’em up para niños que nadie pudiera llamar violento, así que Rico no pega a nadie. Tiene un balón.

Ese cambio le dio la vuelta al género. El balón vuelve a ti, así que importa más el ritmo que machacar botones. Puedes chutar raso, hacer una vaselina por encima de un escudo, volearlo en el aire o hacer toques, y cuanto más larga la racha, más rápido vuela. Apuntar el disparo fuerte funciona como un tirachinas: tiras hacia atrás y sueltas. Y la Pirueta, un giro a cámara lenta, hace que el balón rebote como en un pinball entre toda la multitud.

Los enemigos tampoco son matones. Son vecinos bajo un hechizo de Halloween. Nadie muere: un buen balonazo y vuelven en sí. Y en vez de rescatar a una novia secuestrada, Rico rescata a los compañeros con los que se metía, y cada uno le da un poder nuevo.

¿Por qué un balón? Porque mi hijo adora el fútbol, y yo soy el que le lleva al parque, así que me toca jugar también. El balón es nuestro vínculo: desde muy pequeñito es lo que más nos gusta hacer juntos.

Y la música

Pregunta a cualquiera por los beat ’em up de Mega Drive y se pondrá a tararear. Por eso la música de Kick or Treat está escrita para el mismo chip de sonido Yamaha que usaba la Mega Drive. Lo contamos en otro artículo: el sonido Mega Drive de Kick or Treat.

Juégalo

Kick or Treat es gratis en la App Store para iPhone y iPad, sin anuncios y sin compras, y la versión de Android va de camino. Seis calles, seis jefes, unos 30 a 40 minutos para pasártelo la primera vez y tres calabazas doradas escondidas en cada nivel.